Fábula de la anciana, el mago y el palacio de la moneda

. sábado 4 de abril de 2009

El mago iba caminando tranquilamente por la vereda cuando a su camino apareció una anciana pidiendo monedas que mágicamente desaparecían del sombrero en donde la gente las depositaba. La anciana le vociferaba a gritos casi agónicos que le diera dinero porque era pobre y tenia siete hijos. El mago tronó los dedos y apareció una máquina que se lo llevó lejos en menos de cinco minutos. Avanzaba la hora hasta que llegaron unos hombrecitos verdes a decirle a la anciana que se fuera a pedir a otra parte. Sus siete hijos estaban dispersos esperando que los que no querían darle dinero a la anciana se despistaran. Cada uno tenía un poder maligno distinto: el primero corría a más de diecisiete kilómetros por hora, el segundo tenía dedos de mantequilla, el tercero tenía un oído hipersensible, el cuarto usaba sus ojos para distraer con la mirada, el quinto era el mas violento y tenía muchísima fuerza, el sexto podía hacer desaparecer objetos pequeños con las manos, y el séptimo usaba su poder mental para controlarlos a todos. Sin embargo los hombrecitos verdes eran mas poderosos, ya que cuidaban el gran castillo. Cuando el mago tronó los dedos, sin querer dejó caer una moneda. La anciana se había ido con sus siete hijos a otra parte lejos del gran castillo, los hombrecitos verdes custodiaban el territorio vigilando que ni la anciana ni sus hijos viniesen en busca de la moneda del mago, ya que era mágica y les permitiría entrar en el gran castillo. Al paso del tiempo, el mago no volvió, los hombrecitos verdes crecieron y se convirtieron en grandes personajes, el gran castillo fue transformado en un palacio, en cuyo interior permanece aún la moneda mágica. Los siete poderes de los hijos de la anciana fueron heredados por algunos cientos de duendes, ogros, y otras criaturas malignas que constantemente asechaban el palacio de la moneda, pero no podían con los hombres verdes ahora con poderosas carabinas mágicas que les protegían y brindaban autoridad para cuidar el palacio. Hoy, a mil quinientas dimensiones paralelas de distancia, el mundo observa intentando descubrir el truco o encontrar al mago que dejó la moneda mágica en el gran castillo, ya que el impacto que causó fue tal que engendró un país de extrañas criaturas mágicas buenas y malas que serán buen ejemplo para algunos, y mal ejemplo para otros, pero al fin y al cabo, con grandes habilidades para la economía.



Jean Machuca

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